El reto
Cada cliente nuevo empezaba igual: un operador extraía los datos de consumo de una factura eléctrica, asociaba al cliente potencial con una comunidad energética por ubicación, calculaba una estimación de ahorro personalizada y generaba un contrato. Con más de 300 clientes potenciales al mes, no había margen para crecer. El proceso no tenía atajos. Las facturas llegaban en formatos distintos según el proveedor. La disponibilidad de las comunidades no era un simple sí/no: activa, en construcción, con lista de espera o completa, cada estado requería una lógica y un recorrido de cliente diferentes. Cada conversión dependía de la disponibilidad de una persona, y cada retraso aumentaba el riesgo de perder al cliente potencial.
