El reto
Los empleados tenían dos opciones: pagar licencias por usuario para herramientas de IA de consumo sin gobernanza, sin integración con los sistemas internos y sin forma de compartir el conocimiento a gran escala, o prescindir de la IA por completo. La dirección quería poner IA en producción en toda la organización, pero no de una forma que generara nuevo riesgo de cumplimiento o fragmentara la adopción en una decena de herramientas desconectadas entre sí.
El requisito era claro: un único espacio de trabajo gobernado, accesible a toda la plantilla, con un modelo de coste que escalara con el uso y no con el número de empleados.
